Las autoridades de salud declararon un brote de ébola el 15 de mayo de 2026 en la provincia de Ituri, en el este de la República Democrática del Congo. Desde entonces, equipos internacionales y nacionales han incrementado la capacidad de laboratorio en la zona, lo que ha permitido acortar el tiempo para confirmar o descartar casos sospechosos.
La Organización Mundial de la Salud determinó la situación como una emergencia de salud pública de preocupación internacional (PHEIC) a mediados de mayo y mantiene equipos de respuesta en la región para apoyar la vigilancia, el diagnóstico y las medidas de control.
Los focos principales del brote se han identificado en las zonas de Mongbwalu, Bunia y Rwampara, áreas con alta movilidad por actividad minera y concentración de personas que buscaban atención médica. La presencia de violencia y ataques a la seguridad ha complicado la labor de las brigadas de respuesta.
El reforzamiento de laboratorios locales y el envío de insumos han reducido los retrasos en la confirmación de pruebas; según reportes de autoridades sanitarias, la espera para resultados puede ser ahora de horas en lugar de días. Esto también ha modificado la dinámica de notificación: al eliminarse demoras, las cifras de casos confirmados pueden aumentar temporalmente a medida que se procesan muestras pendientes.
Las autoridades advierten que la cifra de casos y fallecimientos puede cambiar con rapidez conforme avanzan las investigaciones epidemiológicas y la vigilancia. La respuesta se centra en mejorar el rastreo de contactos, aislamiento de casos sospechosos y protección del personal sanitario.
Autoridades locales y organismos internacionales han apelado a la cooperación regional y a la protección de los equipos de salud para contener la transmisión y evitar la propagación a otros países vecinos.

