El progreso en múltiples indicadores de salud a escala global se ha ralentizado y en algunos casos muestra retrocesos preocupantes. Entre 2019 y 2021 la esperanza de vida promedio mundial disminuyó 1.8 años, una caída abrupta que borró buena parte de los avances de la década anterior.
Si bien algunos logros persisten —como la reducción de nuevas infecciones por VIH en alrededor de 40% entre 2010 y 2024—, el acceso a servicios esenciales de salud y la protección frente a emergencias siguen rezagados. La cobertura de vacunación infantil no ha regresado por completo a los niveles previos a la pandemia, lo que abre brechas de inmunidad que favorecen brotes.
Además, hay señales de recuperación incompleta en áreas críticas: la falta de personal sanitario calificado y la subinversión en atención primaria limitan la capacidad de respuesta; se estima un gran déficit de trabajadores de la salud de aquí a 2030 si no se actúa con rapidez.
Otros riesgos incluyen la reemergencia de enfermedades como la malaria en regiones específicas y el aumento de las muertes por enfermedades no transmisibles relacionadas con envejecimiento poblacional y factores de riesgo como la contaminación del aire. Estas tendencias hacen más difícil cumplir las metas de salud consignadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030.
El panorama subraya la necesidad de fortalecer los sistemas de salud, garantizar financiamiento sostenido y mejorar la calidad y oportunidad de los datos sanitarios para dirigir intervenciones efectivas. Sin medidas urgentes, millones de vidas podrían estar en riesgo y los objetivos globales de salud quedarían fuera de alcance.

