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Chumina, la perrita de tres patas que inspiró una obra sobre el cambio y la valentía

Chumina, una pitbull que sobrevivió a la vida en la calle y a un osteosarcoma que provocó la amputación de su pata delantera izquierda, se convirtió en la inspiración de Salvaje o la valentía de encontrarse, una obra creada por Itzhel Razo y Ángel Luna, integrantes de Jengibre Teatro.

La puesta en escena aborda los cambios físicos y emocionales que atraviesa una adolescente, así como el miedo a dejar de ser quien era. La experiencia de Chumina funciona como una metáfora sobre la transformación, el duelo y la posibilidad de adaptarse sin perder la identidad.

Razo y Luna adoptaron a Chumina cuando tenía dos años. A los cinco comenzó a cojear y, en pocos días, el dolor se volvió constante. Un veterinario les explicó que padecía un osteosarcoma agresivo y que probablemente no sobreviviría más de dos meses, pero la pareja decidió darle una oportunidad.

La perrita fue sometida a una cirugía para amputarle la extremidad. Contra el pronóstico inicial, se adaptó rápidamente a su nueva condición y volvió a correr. Tres años después del diagnóstico, acompaña a su familia a los ensayos, busca caricias y mantiene una actitud activa.

Una historia sobre cambiar sin dejar de ser

En Salvaje, la protagonista es Roja, una niña que está por cumplir 12 años y comienza a enfrentar los cambios propios de una nueva etapa. Su cuerpo se transforma, surgen nuevas inquietudes y aparece el temor de no reconocerse.

La joven descubre un portal hacia un universo mágico, donde una versión de Chumina se convierte en su compañera y guía. A través de ese encuentro, la obra explora la identidad, la imaginación y las emociones que pueden surgir durante la infancia y la adolescencia.

Para construir este universo, la compañía utiliza títeres articulados de tamaño real, máscaras, danza, actuación y proyecciones multimedia. La combinación de recursos busca mantener la atención de las nuevas generaciones y acercarlas al teatro mediante una propuesta visual y multidisciplinaria.

La marioneta de Chumina conserva las cuatro patas, a diferencia de la perrita real. La decisión permite que la pérdida de la extremidad aparezca en escena como una metáfora del duelo que acompaña a cualquier cambio y de aquello que se deja atrás durante un proceso de transformación.

El vínculo con los animales como parte de la obra

Aunque el cuidado de los animales no es el tema central de la puesta en escena, la relación con Chumina ocupa un lugar importante en la historia. Para sus creadores, convivir con una mascota implica aprender a observarla, reconocer sus necesidades y comprender formas de comunicación que no dependen de las palabras.

La compañía también busca abrir una conversación entre niñas, niños, adolescentes y adultos sobre los cambios personales. La obra plantea que las infancias pueden reflexionar sobre problemas complejos relacionados con la identidad y las emociones, siempre que cuenten con espacios para expresarlos.

La historia de Chumina permanece como el punto de partida de una propuesta teatral que relaciona la resiliencia de una perrita con las dudas y transformaciones de una adolescente. En ambos casos, cambiar no significa dejar de ser uno mismo.