En las últimas semanas, la administración de la Ciudad de México impulsó una intervención visual que ha teñido de morado puentes, bardas, mobiliario urbano y tramos de vialidad en diferentes puntos de la capital. La medida forma parte de lo que el gobierno ha llamado la “ajolotización” de la ciudad, un programa que combina pintura y motivos del ajolote como identidad gráfica.
Clara Brugada, jefa de Gobierno, ha defendido los cambios y rechazó que se trate de una acción partidista; aseguró que las intervenciones buscan renovar la imagen urbana y promover símbolos locales. Ante cuestionamientos sobre seguridad vial y costos, el gobierno ha dicho que los trabajos cumplen con las normas técnicas aplicables.
La iniciativa provocó rechazo entre partidos de oposición y vecinos, que han cuestionado el uso de recursos en estética cuando persisten problemas como baches, drenaje y mantenimiento. Movimiento Ciudadano presentó una denuncia ante la Contraloría capitalina por las obras y la aplicación de pintura en varios espacios públicos.
En algunos puntos la pintura morada ha sido retirada o repintada con amarillo, el color tradicional de señales y elementos de seguridad vial, lo que aviva el debate sobre la conveniencia y legalidad de cambiar cromáticas establecidas en infraestructura urbana.
La discusión pública continuará en los próximos días, en especial por la cercanía de eventos que concentrarán la atención en la ciudad. Autoridades locales y denuncias ante órganos de control definirán si las intervenciones siguen, se ajustan o son revertidas.

