Entre el 29 de marzo de 1990 y el 24 de noviembre de 2011 Cuba organizó un programa de atención masiva para personas afectadas por el accidente de la central nuclear de Chernóbil. En ese periodo fueron atendidos 26,114 pacientes, de los cuales aproximadamente el 84% eran menores de edad, alojados y tratados en el complejo de Tarará, en las afueras de La Habana.
El programa ofreció servicios médicos de diversas especialidades, hospitalización cuando fue necesario, seguimiento ambulatorio, apoyo psicológico, educación y vivienda temporal para los pacientes y sus acompañantes. Las estancias variaron según la gravedad: hubo quienes permanecieron meses y otros estancias más breves para tratamientos ambulatorios y rehabilitación.
Participaron principalmente niños y niñas procedentes de Ucrania, Rusia y Bielorrusia que presentaban afecciones relacionadas con la radiación, problemas dermatológicos, enfermedades oncohematológicas, malformaciones o trastornos digestivos y neurológicos. Las autoridades cubanas también habilitaron instalaciones complementarias —escuelas, cocinas y áreas recreativas— para facilitar la recuperación integral de los menores.
El programa ha sido destacado internacionalmente por su alcance: más de 26,000 personas recibieron atención gratuita y masiva durante más de dos décadas, convirtiéndose en uno de los esfuerzos estatales más largos y sostenidos de ayuda médica exterior en respuesta al desastre de Chernóbil.

