El 18 de abril de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que instruye a agencias federales a acelerar la investigación y el acceso a tratamientos basados en fármacos psicodélicos para problemas de salud mental.
La medida pide a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) otorgar los llamados Commissioner’s National Priority Vouchers a desarrollos farmacéuticos que hayan obtenido la designación de “Breakthrough Therapy” y cumplan los criterios del programa, lo que puede reducir el tiempo de revisión de varios meses a entre uno y dos meses.
La FDA anunció que ha concedido vales de prioridad a proyectos que incluyen investigaciones sobre psilocibina para depresión resistente al tratamiento. Entre los compuestos mencionados en la orden y en comunicados oficiales aparecen la psilocibina, la metilona (un análogo investigado para TEPT) y derivados de la ibogaína/noribogaína.
Desde la Casa Blanca también se anunció una asignación de fondos —reportada en comunicados oficiales— para apoyar estudios sobre la ibogaína, mientras expertos y organizaciones externan precaución por riesgos conocidos en algunos compuestos, como la toxicidad cardiovascular asociada a la ibogaína.
Analistas consultados por medios internacionales señalan que la orden es un impulso administrativo que puede acelerar trámites y priorizar recursos, pero que no elimina los pasos regulatorios ni los requisitos de seguridad y evidencia clínica que exige la aprobación de nuevos medicamentos.
El avance reaviva el debate sobre la potencial utilidad terapéutica de los psicodélicos frente a sus riesgos y la necesidad de marcos regulatorios y protocolos clínicos estrictos. Las agencias involucradas indicaron que continuarán evaluando los datos clínicos y la seguridad antes de autorizar usos terapéuticos más amplios.

