En las chinampas de Xochimilco, José de Jesús Castillo Torres mantiene una tradición agrícola heredada de su padre: cultivar cempasúchil nativo o de corte para los días 1 y 2 de noviembre. A diferencia de la variedad híbrida o de maceta, esta flor crece a cielo abierto, forma ramos de hasta dos metros y produce flores de tonos naranjas y amarillos.
Castillo Torres, de 46 años, es uno de los pocos productores que continúa sembrando esta variedad en la zona. Su cultivo representa una práctica vinculada con la identidad de Xochimilco y con la celebración del Día de Muertos, cuando los pétalos de cempasúchil se colocan en altares, hogares y panteones.
Una flor que crece sin invernadero
El cempasúchil nativo no necesita invernadero para desarrollarse. La planta crece directamente en la tierra y sus tallos pueden alcanzar una longitud considerable, por lo que los ramos de corte tienen una apariencia distinta a la de las plantas compactas que se comercializan en maceta.
Mientras la mayoría de los productores utiliza pesticidas para proteger las flores de los insectos, José decidió no emplear químicos en su parcela. Con ello busca respetar el ciclo natural de la planta, aunque reconoce que mantener este método implica asumir un mayor riesgo para la producción.
Una tradición frente a los cambios del mercado
La producción de cempasúchil en Xochimilco se ha concentrado en buena medida en las variedades híbridas y de maceta, debido a su demanda durante la temporada de Día de Muertos. En los campos y chinampas de la zona también se cultivan millones de plantas que abastecen a hogares, mercados y espacios públicos de la Ciudad de México.
Ante esa demanda, Castillo Torres considera destinar parte de su chinampa al cultivo en maceta. Sin embargo, mantiene la siembra del cempasúchil nativo, una actividad que resume con una frase: lo hace “por amor al arte”.
Cada temporada, los pétalos naranjas de esta flor acompañan los caminos simbólicos de las ofrendas. En el caso de José, también representan la continuidad de un conocimiento familiar y la resistencia de una forma de cultivo que todavía encuentra espacio entre los canales de Xochimilco.
