Erick Portillo pasó de dormir bajo las gradas de un estadio en Querétaro durante una etapa de dificultades económicas a convertirse en subcampeón mundial de salto de altura en marzo de 2026.
El atleta mexicano obtuvo la medalla de plata en el Campeonato Mundial de Atletismo Indoor, celebrado en Polonia, con un registro de 2.30 metros, la mejor marca personal de su carrera hasta ese momento.
Antes de alcanzar ese resultado, Portillo enfrentó una situación que puso a prueba su permanencia en el deporte. Durante cerca de dos meses no tuvo dinero para pagar una renta y encontró refugio en una bodega ubicada debajo de las gradas del estadio donde entrenaba en Querétaro.
El espacio contaba con colchonetas y le ofrecía un techo para pasar la noche. En ese periodo, el atleta recordó que se alimentaba principalmente con donas y leche mientras buscaba la manera de continuar con sus entrenamientos.
Portillo nació en Chihuahua y salió de casa a los 16 años para perseguir su proyecto deportivo. Después de vivir un tiempo en Estados Unidos, regresó a México y decidió quedarse en Querétaro tras encontrar a un entrenador con quien pudiera continuar su preparación.
La situación comenzó a mejorar cuando ganó el Campeonato Panamericano Sub-20. Ese resultado le permitió acceder a apoyos y encontrar un hogar, aunque la decisión de alejarse de su familia también tuvo un costo personal.
El saltador ha reconocido que una de las partes más difíciles de su trayectoria ha sido la distancia con sus padres. En distintos momentos llegó a considerar abandonar una temporada para convivir más con su familia y recuperar parte del tiempo que dejó atrás al salir de casa siendo adolescente.
Su medalla mundial representa uno de los mayores logros del atletismo mexicano bajo techo y resume una trayectoria marcada por la disciplina, la falta de recursos y la decisión de mantenerse en competencia pese a las adversidades.
