El gasto en defensa de los 27 países de la Unión Europea alcanzó un nivel sin precedentes en 2024: €343,000 millones, lo que equivale a aproximadamente 1.9% del PIB conjunto, según los datos oficiales más recientes. Para 2025 las estimaciones oficiales sitúan la cifra en torno a €381,000 millones.
El aumento responde, en gran parte, a la reacción continental ante la guerra en Ucrania y a políticas nacionales que han elevado inversiones en equipamiento, movilidad y capacidades militares. Las cifras oficiales muestran incrementos notables en países como Alemania, Polonia, Francia y el Reino Unido.
Además del repunte del gasto, el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) señala que las importaciones de armas por parte de países europeos se multiplicaron entre los periodos 2016–2020 y 2021–2025. Ese encarecimiento de la demanda incorporó compras de aviones de combate, sistemas de defensa aérea y otro material de alta tecnología, con Estados Unidos como principal proveedor externo.
El impulso al gasto y la reactivación de la industria armamentística europea han venido acompañados de iniciativas comunitarias para mejorar la coordinación, la inversión y la capacidad industrial, entre ellas programas para compras conjuntas y apoyo a la producción local. Expertos advierten, sin embargo, que la mayor financiación no garantiza por sí sola autonomía estratégica si persisten la fragmentación y los cuellos de botella logísticos.
Las cifras y proyecciones publicadas en 2025 por organismos europeos y centros de investigación convierten a Europa en la región con mayor demanda de armas en 2021–2025 y plantean debates sobre prioridades industriales, dependencia de proveedores externos y el coste a largo plazo de la reorientación hacia una economía con foco en la defensa.

