La Dra. Ximena A. González Grandón afirmó en la 5ª Semana del Cerebro que el sentido del tacto puede favorecer el desarrollo cognitivo, el aprendizaje y la interacción social en personas con autismo en niveles moderados o leves.
Esta hipótesis plantea que el “social touch” —un sistema sensorial presente en mamíferos que se activa con estímulos de presión y velocidad específicos— puede generar experiencias sensoriales significativas que faciliten procesos de aprendizaje y de interacción social en entornos familiares y educativos.
El argumento presentado por la investigadora identifica a madres y padres como actores centrales en la provisión de ese contacto, que en muchos casos produce momentos sensoriales íntimos y formativos. Además, sostiene que favorecer condiciones que incrementen la autonomía de las personas dentro del espectro contribuiría a ampliar sus oportunidades laborales y su ejercicio pleno de derechos.
En el plano pedagógico, la propuesta implica reconocer al tacto como una vía de aprendizaje complementaria a la vista y el oído, y diseñar entornos inclusivos donde las prácticas de acompañamiento respeten las preferencias sensoriales individuales. La investigadora advirtió que normas sociales y legales que restringen el contacto físico con niñas y niños podrían, sin intención, eliminar una herramienta de aprendizaje para niñas y niños autistas.
Limitaciones: durante la búsqueda documental no se halló corroboración amplia e independiente de esta interpretación específica en otras notas periodísticas o artículos académicos consultados; la presente nota se basa en la comunicación institucional difundida por la institución organizadora del evento.
Por tanto, las implicaciones prácticas propuestas —como revisar protocolos pedagógicos o normativas que limitan el contacto físico— requieren evaluación adicional mediante estudios empíricos y revisión por pares que determinen qué tipos de contacto, con qué intensidad y en qué contextos resultan beneficiosos o contraproducentes para distintas personas dentro del espectro.
En resumen, la posición expuesta en la conferencia instala la necesidad de reconsiderar prejuicios sobre el tacto y su potencial rol educativo, pero su traducción a políticas y prácticas exige más evidencia y consenso científico antes de cambios definitivos en protocolos escolares o legales.

