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Irán resiste seis meses de guerra, pero su economía enfrenta daños y pobreza crecientes

A casi seis meses del inicio de la guerra con Estados Unidos e Israel, Irán mantiene operativos sectores clave de su economía pese a los daños en infraestructura, las sanciones internacionales, las restricciones financieras y el bloqueo de sus principales rutas comerciales.

El conflicto ha golpeado los ingresos públicos, la producción y los servicios básicos, pero el modelo político y económico iraní ha conservado capacidades operativas suficientes para iniciar labores de recuperación en distintas regiones del país.

Reconstrucción en medio del conflicto

Hasta el 30 de junio, la guerra había dejado 3 mil 400 personas muertas, 33 mil civiles heridos y 149 mil estructuras dañadas. También se reportaron afectaciones en escuelas, instalaciones deportivas, servicios de salud, suministro eléctrico y acceso al agua potable.

Más de mil 100 escuelas fueron rehabilitadas y el Ministerio de Educación informó que mil 195 planteles habían sido restaurados. Además, se había retirado una quinta parte de las 20 mil toneladas de escombros generadas por el conflicto.

Las instalaciones agrícolas registraron daños directos estimados en 205 millones de dólares. Sin embargo, la producción nacional de alimentos y las cadenas de suministro se mantuvieron en gran medida activas, aunque con una presión creciente sobre los precios.

Menores ingresos y mayor presión social

El presidente Masoud Pezeshkian reconoció que los ingresos del gobierno disminuyeron debido a la reducción de las ventas de petróleo y a la menor recaudación de impuestos de las fábricas. Al mismo tiempo, el Estado ha tenido que destinar recursos para mantener en operación a empresas afectadas por la guerra.

Entre junio de 2025 y junio de 2026, los precios de los alimentos aumentaron 133.9 por ciento, mientras que el costo de la canasta básica subió más de 35 por ciento desde febrero. Los mercados continúan abastecidos, pero una parte cada vez mayor de la población enfrenta dificultades para adquirir productos esenciales.

El conflicto también ha interrumpido de manera intermitente los servicios médicos y el suministro de agua potable en zonas afectadas. Los cortes de electricidad y los daños a la infraestructura han limitado la atención en centros de salud.

Una economía descentralizada

La capacidad de resistencia iraní se apoya en una economía descentralizada, con una amplia participación de pequeñas y medianas empresas y un importante sector informal. Antes de los combates, el país contaba con más de 500 parques industriales distribuidos en distintas regiones.

Esa distribución permite que otros proveedores continúen operando cuando una región resulta afectada. A ello se suma una base manufacturera desarrollada durante décadas de sanciones y sustitución de importaciones, con producción local de alimentos, fármacos, textiles, electrodomésticos y automóviles.

El gobierno también incorporó casi 5 mil megawatts de capacidad de energía solar a la red eléctrica, con el objetivo de reducir vulnerabilidades y mejorar la disponibilidad del suministro en un contexto de ataques y restricciones.

Resistencia económica con altos costos

La estrategia de autosuficiencia ha permitido sostener parte del consumo interno, pero no ha evitado el deterioro del bienestar de la población. Analistas citados en el reporte advierten que las sanciones, la guerra y la intervención estatal han frenado el crecimiento, limitado el desarrollo y agravado la pobreza.

Una de las estimaciones señala que para 2027 cerca de 10 millones de personas más podrían encontrarse en situación de pobreza, lo que elevaría la tasa general del país hasta 70 por ciento.

Mientras continúan las labores de recuperación, Irán enfrenta un escenario de posguerra marcado por menores ingresos, inflación, daños estructurales y una mayor desconfianza entre las partes. El futuro económico dependerá tanto de la capacidad interna de reconstrucción como de la evolución de las negociaciones y de las sanciones internacionales.