Israel reconoció a principios de mayo de 2026 que sus tropas causaron daños en un edificio religioso dentro de un complejo en la localidad fronteriza de Yaroun, en el sur del Líbano, durante operaciones destinadas a desmantelar lo que el ejército calificó como infraestructura de Hezbolá.
El ejército informó que, mientras destruía posiciones que, según su versión, eran usadas por milicianos, se dañó una estructura que “no mostraba señales externas” de ser un edificio religioso. Añadió que, una vez que se identificó la vinculación con la iglesia, se detuvo cualquier daño adicional.
Autoridades eclesiásticas y organizaciones católicas denunciaron que parte del convento de las Hermanas Salvatorianas —que ya había sufrido daños en enfrentamientos previos— fue demolido o gravemente afectado. Representantes locales afirmaron que la estructura albergaba antiguamente una escuela y una clínica, y mostraron fotografías de escombros en el lugar.
El episodio ocurre en el marco de una ofensiva transfronteriza entre Israel y milicias de Hezbolá que provocó, según reportes de prensa, víctimas y daños en varias poblaciones del sur libanés; agencias internacionales informaron que los bombardeos y operaciones terrestres dejaron al menos siete personas muertas en la región en los días reportados.
La acción suscitó condenas de organizaciones religiosas y pedidos de protección para bienes civiles y de culto. Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores israelí aseguró que las afirmaciones de una demolición total eran “falsas” y difundió imágenes que, según afirmó, muestran el edificio intacto.
El contexto inmediato incluye órdenes de evacuación en varias aldeas fronterizas y operaciones militarizadas orientadas a neutralizar presuntas posiciones de Hezbolá, mientras crecen los reclamos internacionales por la protección de la población civil y de lugares religiosos.

