El 29 de abril de 2026 la Corte Suprema de Estados Unidos emitió un fallo 6‑3 en el caso Louisiana v. Callais que declaró inconstitucional un mapa congresional de Louisiana y, en la práctica, estrechó los criterios mediante los cuales se aplica la Sección 2 de la Voting Rights Act de 1965.
La decisión limita la capacidad de los demandantes para demostrar que un mapa electoral diluye el poder político de votantes por motivos raciales, al aceptar con más facilidad explicaciones basadas en la afiliación partidista como justificación. Aunque la ley federal no fue derogada, su alcance para frenar el gerrymandering racial quedó sensiblemente reducido.
El fallo tuvo efectos inmediatos: autoridades estatales en Louisiana y otros estados con mapas en disputa anunciaron que podrían redibujar distritos antes de las próximas elecciones, y legisladores y grupos de derechos civiles advirtieron sobre el riesgo de pérdida de escaños para candidatos de comunidades minoritarias.
Expertos en derecho electoral y organizaciones civiles señalararon que el criterio fijado por la Corte eleva la carga probatoria contra quienes alegan discriminación y que el precedente puede ser invocado por estados donde la composición demográfica y la polarización partidista coinciden con líneas raciales.
Entre las implicaciones prácticas está la posibilidad de que el fallo influya en las estrategias de redistritación en estados como Alabama y Texas, y en la dinámica de representatividad en la Cámara de Representantes en ciclos electorales futuros. También abre la puerta a debates en el Congreso sobre si reformar la ley para restaurar o aclarar su alcance.
El veredicto marca un cambio significativo en la jurisprudencia sobre derechos electorales y plantea preguntas sobre cómo se protegerá la representación política de las minorías en los próximos procesos de redistritación.

