Datos preliminares oficiales indican que la tasa de mortalidad infantil en Cuba cerró 2025 en 9.9 defunciones por cada mil nacidos vivos, un incremento marcado respecto a niveles de alrededor de 4 por mil en 2018.
Este repunte, extraordinario en el contexto de las últimas décadas, refleja una combinación de factores sanitarios y logísticos. Reportes especializados señalan interrupciones en el suministro de energía, limitaciones en acceso a insumos médicos y medicamentos, y la presencia de brotes epidémicos que aumentaron la presión sobre los servicios neonatales y maternos.
Un análisis internacional comparativo estima que, de haberse mantenido las tasas de 2017-2018, alrededor de 1,800 lactantes podrían haber sobrevivido entre 2019 y 2025. La cifra resume el impacto acumulado de la tendencia al alza y sirve como indicador de la magnitud del deterioro.
Organismos regionales de salud y reportes técnicos han advertido sobre la necesidad de medidas urgentes para restablecer el suministro de insumos clave, fortalecer la capacidad hospitalaria y atender brotes que afectan a la población infantil. Entre las acciones sugeridas figuran la priorización de energía estable para centros de salud, la reposición de equipos neonatales y la mejora en la logística de distribución de medicamentos.
El aumento de la mortalidad infantil tendrá implicaciones a corto y largo plazo para los indicadores de salud del país y plantea desafíos para la política pública orientada a la protección materno‑infantil. Las autoridades han calificado los datos como preliminares y anunciaron seguimiento detallado de los registros para los próximos meses.

