La escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán que comenzó el 28 de febrero de 2026 ha convertido un conflicto regional en una crisis con consecuencias humanitarias y económicas de alcance global. En pocas semanas se registraron ataques a instalaciones militares y civiles, además de enfrentamientos en el Estrecho de Ormuz que afectaron el tránsito marítimo.
El texto denuncia que las decisiones políticas y militares que llevaron a la ofensiva han causado miles de muertes y destrucción de infraestructuras civiles, y plantea que existen indicios suficientes para cuestionar el respeto al derecho internacional humanitario en algunas operaciones.
Desde el punto de vista económico, la intervención ha interrumpido cadenas de suministro clave, incluida la producción y transporte de hidrocarburos y fertilizantes, lo que amenaza la estabilidad de precios y agrava la crisis de asequibilidad mundial que ya arrastraban varias economías.
La columna cuestiona además la premura con la que se han tomado decisiones estratégicas sin amplios mecanismos de control y balance, y alerta sobre los efectos políticos y sociales internos que genera una política exterior basada en la fuerza.
Ante la magnitud de las consecuencias, el texto llama a una reflexión sobre la necesidad de controles democráticos más sólidos y a explorar salidas diplomáticas que eviten una escalada mayor y nuevas pérdidas civiles.

