La capacidad de la red de transmisión se perfila como el principal obstáculo para la transición energética en México. Análisis recientes y una columna publicada el 3 de mayo de 2026 señalan que, más allá de la generación, el desafío clave es cómo integrar y transportar la energía que producen las nuevas plantas a los centros de consumo.
La discusión involucra a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la Secretaría de Energía y organismos internacionales; la tensión principal radica en la necesidad de planificación y obras de transmisión que permitan absorber proyectos renovables y garantizar la confiabilidad del sistema.
Como respuesta inmediata, la CFE presentó un portafolio de proyectos para 2026‑2027 que incluye, según reportes, 58 proyectos prioritarios y obras complementarias que sumarían 138 líneas de transmisión y 249 subestaciones con el objetivo de fortalecer la Red Nacional de Transmisión.
Organismos internacionales y análisis del sector advierten que sin mayor inversión en la red —y medidas para acelerar permisos y financiamiento— la expansión de energía renovable y la electrificación industrial y del transporte enfrentará cuellos de botella que encarecerán o retrasarán proyectos.
El debate también toca la correlación entre política industrial y energética: expertos plantean que la planificación de la transmisión debe combinar objetivos de seguridad energética, acceso, y contenido nacional para que la red sea instrumento de desarrollo y no solo de transporte de energía.
En síntesis, especialistas y reportes señalan que la transición energética en México dependerá cada vez más de resolver la fragilidad de la red de transmisión: sin una red fuerte no será posible alcanzar metas de descarbonización ni asegurar el suministro ante una mayor demanda eléctrica.

