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La UNAM y mi formación como espeleólogo

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A los 16 años, Ismael Arturo Montero García fue asignado al Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de la UNAM, una experiencia que, escribe, marcó su formación intelectual y científica. En su texto recuerda que el modelo del CCH privilegia el pensamiento crítico, la interdisciplinariedad y el aprendizaje activo, factores que lo impulsaron a cuestionar y explorar la realidad desde distintas perspectivas.

El autor vincula esa formación temprana con su posterior trayectoria académica: estudios en arqueología, posgrado en historia y un interés sostenido por la espeleología como objeto de investigación cultural. Esa convergencia entre ciencias y humanidades lo llevó a desarrollar la noción de “patrimonio subterráneo” y a documentarla en el libro Nuestro patrimonio subterráneo, publicado en 2011.

La obra recupera la relevancia cultural, histórica y ecológica de las cavernas en México, proponiendo que estos espacios naturales son también depósitos de memoria y ritualidad. Para Montero García, comprender las cavernas exige mirar su dimensión simbólica además de su valor científico y geográfico.

El testimonio del autor plantea además un argumento sobre el papel de las instituciones educativas públicas: la apertura y la formación crítica de la UNAM, en particular del CCH, como factor que permite a jóvenes de distintos orígenes acceder a proyectos de investigación y contribuir al conocimiento colectivo.

En conjunto, la pieza funciona como una reflexión personal y académica que conecta la experiencia formativa con la producción intelectual, y subraya la necesidad de preservar y estudiar el patrimonio subterráneo como parte integral del patrimonio cultural de México.

La UNAM y mi formación como espeleólogo