Más de 300 personas murieron por ébola en la República Democrática del Congo durante una semana, mientras el brote continúa expandiéndose con rapidez en seis provincias y los equipos de salud enfrentan inseguridad, desplazamientos de población, falta de recursos y resistencia comunitaria.
La Organización Mundial de la Salud reportó que durante la semana epidemiológica del 3 al 9 de agosto se registraron 304 muertes y 579 casos confirmados, la cifra semanal más alta desde el inicio de la emergencia. El brote corresponde al virus del ébola tipo Bundibugyo y comenzó en la provincia de Ituri, aunque posteriormente se extendió a otras zonas del país.
Ituri concentra la mayor parte de los casos
Ituri permanece como el epicentro de la emergencia, con la mayor proporción de casos y muertes. La transmisión también alcanza a Kivu del Norte, Kivu del Sur, Alto Uele, Tshopo y Bajo Uele, en un contexto marcado por la movilidad de personas y el acceso limitado a comunidades alejadas.
El brote fue declarado el 15 de mayo de 2026, pero especialistas consideran que el virus pudo circular desde febrero en Mongbwalu, una ciudad minera de Ituri. Esta propagación temprana dificulta identificar contactos y atender a personas que fallecen fuera de los centros de tratamiento.
Sin vacuna autorizada específica para el virus Bundibugyo
Uno de los principales desafíos es que no existe una vacuna ni un tratamiento específico autorizado para el virus Bundibugyo. La República Democrática del Congo recibió más de 16 mil dosis de Ervebo, una vacuna utilizada en brotes provocados por el virus del ébola tipo Zaire.
Las autoridades y organismos internacionales evalúan el uso de esas dosis para proteger a trabajadores de primera línea y realizar ensayos clínicos. Sin embargo, todavía no se ha confirmado qué nivel de protección puede ofrecer Ervebo frente al virus Bundibugyo; los datos disponibles hasta ahora proceden principalmente de estudios de laboratorio y en animales.
Inseguridad y ataques complican la respuesta
Los equipos médicos también trabajan en zonas afectadas por conflictos armados, malas condiciones de las carreteras, desinformación y movimientos constantes de población. Además, algunos trabajadores de respuesta han realizado paros laborales debido a retrasos en sus pagos.
Entre el 17 y el 19 de agosto, voluntarios de la Cruz Roja fueron atacados en Ituri, Alto Uele y Kivu del Norte. Los incidentes dejaron personas heridas, ambulancias dañadas y equipo destruido, lo que redujo la capacidad para realizar entierros seguros, vigilancia epidemiológica y atención humanitaria.
La OMS ha señalado que el control del brote requiere intensificar la detección temprana, el seguimiento de contactos, la atención médica y el trabajo conjunto con las comunidades. Mientras continúe la transmisión, las autoridades buscan ampliar los centros de tratamiento y acelerar la llegada de recursos a las provincias afectadas.
