El pintor cubano Nelson Domínguez presenta en la Ciudad de México la exposición “Amoríos del marabú”, una selección de obras realizadas entre 2024 y 2026 que reúne parte de su producción reciente en la galería Picci Fine Arts, ubicada en Lomas de Chapultepec.
La muestra fue inaugurada el jueves 20 de agosto y reúne únicamente pinturas, aunque Domínguez también se ha desarrollado como grabador, escultor, dibujante, ilustrador y ceramista. La exposición propone un acercamiento a los temas y símbolos que han acompañado la trayectoria del artista cubano.
Una pintura relacionada con su tiempo
Para Domínguez, el arte debe dialogar con la realidad y expresar aquello que preocupa a la sociedad. En ese sentido, considera que el artista funciona como una especie de reportero de su tiempo y que una obra puede abordar incluso situaciones dolorosas.
Entre los ejemplos mencionados por el pintor se encuentra la imagen de un perro que busca comida en un tanque de basura. Más allá de la escena, identifica en ella un símbolo de la pobreza y de la desigual distribución de la riqueza en el mundo.
“El artista es una especie de reportero de su tiempo. El arte sirve para eso. Tiene que decir algo.”
Rechazo a las etiquetas artísticas
El artista, nacido en La Habana en 1947, asegura que nunca le han interesado los movimientos artísticos ni las etiquetas que buscan clasificar su trabajo. Su postura parte de una defensa de la libertad creativa y de la posibilidad de cambiar de lenguaje o técnica según las necesidades de cada obra.
“Pinto porque me gusta pintar, y pinto lo que me sale de adentro, a veces de una manera, a veces de otra”, expresa Domínguez al referirse a su relación con la pintura. También considera que los movimientos pueden encasillar y limitar la libertad del creador.
Más de cinco décadas de trayectoria
Además de su labor artística, Nelson Domínguez es docente de la Universidad de las Artes de La Habana y diputado. Desde su perspectiva como profesor, las escuelas proporcionan herramientas y conocimientos, pero no convierten por sí mismas a una persona en artista.
Su vínculo con México se remonta a 1981, cuando participó en el montaje de la exposición “70 años de la pintura cubana” en el Polyforum Cultural Siqueiros. Durante aquella estancia también vivió un año en el país y presentó una exhibición individual.
Con “Amoríos del marabú”, el artista vuelve a acercar al público mexicano a una obra construida desde la pintura, la memoria y la reflexión sobre las condiciones sociales de su entorno.
