La autora plantea que Sembrando Vida debe transformarse de un esquema asistencial a una cruzada de recuperación territorial y agroecológica que devuelva a ejidos y comunidades la gestión de sus tierras.
Propone abandonar gradualmente los monocultivos destinados exclusivamente a la exportación y orientar los esfuerzos hacia policultivos regionales que prioricen el abasto local y la sostenibilidad, manteniendo posibles excedentes para mercados selectos.
El texto sostiene que esa transición exigiría políticas públicas que reconozcan derechos agrarios, impulsen la diversificación de cultivos y fortalezcan la capacitación y los apoyos técnicos para las comunidades rurales.
En el contexto actual, el programa ha iniciado acciones de restauración y de producción campesina —incluyendo labores de reforestación y el impulso a biofábricas para insumos orgánicos—; la autora subraya que esas iniciativas pueden reforzarse si se redefinen los objetivos del programa.
La columna cierra con un llamado a transformar Sembrando Vida sin perder su vocación social, pero orientándolo hacia la recuperación del territorio, la soberanía alimentaria y la preservación de saberes y tradiciones rurales.

