Un pronóstico emitido en junio de 2026 señala una probabilidad superior al 95% de que el fenómeno de El Niño se presente durante el segundo semestre de 2026 y que alcance una intensidad entre fuerte y muy fuerte.
Se espera que a partir de julio de 2026 las precipitaciones disminuyan respecto al promedio histórico en buena parte de México, aunque la temporada de lluvias continuará con eventos aislados. Este comportamiento podría mantenerse hasta la primavera de 2027 en regiones del centro, sur y la península de Yucatán.
El patrón de anomalías térmicas en el Pacífico tropical también incrementa el riesgo de temperaturas más altas donde las lluvias sean escasas. La combinación de calor y menor precipitación eleva la probabilidad de incendios forestales y puede deteriorar la calidad del aire al aumentar la emisión de partículas y compuestos volátiles.
En contraste, en el noroeste del país —incluida la península de Baja California— las proyecciones señalan condiciones de lluvia por encima del promedio durante los primeros meses del año siguiente, lo que muestra la variabilidad regional esperada bajo un episodio de El Niño.
Consecuencias prácticas que conviene considerar:
- Agudización de sequías y estrés hídrico en zonas agrícolas del centro y sur.
- Mayor riesgo de incendios forestales y episodios de mala calidad del aire en meses secos.
- Posible intensificación rápida de huracanes en el Pacífico, debido al aumento del contenido de calor oceánico.
- Reducción de la actividad de huracanes en el Atlántico —aunque la situación local puede variar según otros factores meteorológicos—.
Dado que los pronósticos tienen incertidumbre sobre la intensidad exacta, las autoridades y la sociedad deben prepararse para escenarios que incluyan desde impactos moderados hasta eventos extremos durante la temporada 2026–2027. Vigilar los boletines meteorológicos y las recomendaciones oficiales a partir de julio de 2026 será clave para la gestión del riesgo.

