La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México informó el 24 de agosto de 2026 que un mismo sismo puede sentirse de manera diferente según la zona de la capital, debido a las características del suelo y a la forma en que este amplifica o atenúa las ondas sísmicas.
La dependencia explicó que la ciudad está asentada sobre tres tipos principales de terreno: zona de lago, zona de transición y zona de lomas. Estas condiciones influyen en la intensidad de la aceleración y en la duración del movimiento, por lo que la percepción puede cambiar incluso entre áreas relativamente cercanas.
El suelo modifica la percepción del movimiento
En la zona de lago, formada por depósitos lacustres y suelos blandos, las ondas sísmicas pueden amplificarse y prolongar la duración del temblor. El centro de la capital se encuentra principalmente en zonas de lago y de transición, de acuerdo con la clasificación geotécnica utilizada para la ciudad.
La zona de transición presenta características intermedias entre los terrenos blandos y los firmes. En contraste, la zona de lomas corresponde a áreas con suelos más resistentes, donde el movimiento puede percibirse de forma distinta frente a un mismo evento sísmico.
La Universidad Nacional Autónoma de México también ha señalado que los sismos pueden sentirse con mayor intensidad en áreas lacustres debido a la amplificación del suelo. Además, los movimientos con epicentro dentro de la ciudad pueden percibirse con fuerza aunque tengan una magnitud baja, debido a su cercanía y poca profundidad.
Por ello, la intensidad con la que una persona percibe un temblor no depende únicamente de la magnitud registrada. La ubicación del epicentro, la profundidad del movimiento y las condiciones del subsuelo son factores que determinan la experiencia sísmica en cada zona de la Ciudad de México.
