La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) registró 2,218,989 personas ocupadas en el trabajo doméstico remunerado en el cuarto trimestre de 2025, según el boletín de indicadores publicado el 24 de febrero de 2026.
Ese dato reciente pone sobre la mesa una tendencia relevante: aunque las cifras varían según el periodo de referencia, el trabajo doméstico remunerado continúa siendo una actividad numerosa y fuertemente feminizada en México. En términos históricos, la ENOE de referencia para 2022 reportó 2.5 millones de personas en esta actividad, de las cuales alrededor del 90.2% eran mujeres y los ingresos promedio declarados por la encuesta llegaron a 3,829 pesos mensuales.
La diferencia entre periodos (2.5 millones en 2022 frente a 2.2 millones en el cuarto trimestre de 2025) refleja cambios en la serie estadística y en la dinámica ocupacional; sin embargo, ambos marcos coinciden en rasgos estructurales: predominio femenino, bajos ingresos medios y alta incidencia de condiciones laborales informales o sin prestaciones.
Los datos disponibles muestran además disparidades de género en los ingresos: la ENOE de 2022 consignó un promedio mensual de 3,767 pesos para mujeres y 4,399 pesos para hombres en el trabajo doméstico remunerado. Otras estadísticas vinculadas al sector señalan niveles reducidos de acceso a prestaciones laborales formales, como aguinaldo o seguridad social, lo que contribuye a la precariedad señalada por análisis institucionales.
Las implicaciones son múltiples. Desde una perspectiva laboral, la concentración del trabajo doméstico en la informalidad limita la cobertura de derechos laborales y seguridad social. Desde la dimensión de igualdad, la marcada feminización indica que las políticas públicas sobre cuidados y empleo inciden directamente en la situación económica de las mujeres.
Los análisis técnicos y publicaciones del sector público subrayan la necesidad de ampliar la formalización y el reconocimiento laboral del trabajo doméstico remunerado. Entre las medidas que se mencionan en el debate público figuran mecanismos que garanticen registros laborales, acceso a seguridad social, prestaciones mínimas y condiciones contractuales claras, además de campañas de visibilización para reducir estigmas y discriminaciones asociadas a esta ocupación.
En resumen, las cifras recientes del INEGI y los datos de encuestas previas muestran que el trabajo doméstico remunerado sigue siendo una ocupación con presencia significativa en el mercado laboral mexicano, con brechas de género y niveles bajos de ingreso y protección. La discusión pública y técnica apunta a la necesidad de políticas específicas para mejorar la formalización, la protección social y el reconocimiento social de estas labores.

