El 14 de mayo de 2026, miles de ultranacionalistas israelíes realizaron la marcha anual por la Ciudad Vieja de Jerusalén, en la que se registraron cánticos racistas —entre ellos “muerte a los árabes” y “que ardan sus aldeas”— mientras los participantes avanzaban por zonas palestinas de la ciudad.
El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, recorrió la explanada de la mezquita de Al‑Aqsa y desplegó una bandera israelí en el lugar, un acto que medios y autoridades palestinas describieron como provocador en un sitio sagrado para el islam.
La jornada estuvo marcada por enfrentamientos y temores entre residentes palestinos, que en muchos casos se atrincheraron en sus domicilios y mantuvieron tiendas cerradas. La policía informó de detenciones; organizaciones y medios locales reportaron al menos 13 arrestos durante las movilizaciones.
La marcha conmemora la captura de Jerusalén Este por Israel en 1967 y en años recientes ha sido foco de tensiones por el paso de los manifestantes por barrios palestinos y las expresiones de agresión que se han registrado en el recorrido.
Organizaciones palestinas, diplomáticos y observadores internacionales han condenado episodios previos y señalaron que la presencia de funcionarios del gobierno en la explanada de Al‑Aqsa —lugar con un acuerdo histórico que regula el acceso y las prácticas religiosas— incrementa la tensión en una zona de sensibilidad religiosa y política.
Las reacciones tras la marcha incluyen declaraciones de alarma desde grupos civiles y llamados a evitar provocaciones que puedan escalar la violencia en Jerusalén y Cisjordania.

