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Viacrucis de Iztapalapa 2026: la tradición sale a las calles tras su ingreso a la Lista de la Unesco

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La imagen del barrio de San Lucas se abrió paso entre la multitud: Arnulfo Eduardo Morales Galicia, vestido como Jesús, avanzó cargando una estructura de madera que, según reportes, rondó los 90 kilos mientras la gente lo acompañaba por las calles de Iztapalapa.

El acto central de la Pasión de Cristo —celebrado el 3 de abril de 2026— fue la edición número 183 de una representación comunitaria que, el 10 de diciembre de 2025, fue inscrita en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco, un reconocimiento que las autoridades y organizadores interpretaron como un refuerzo al valor cultural y social de la tradición.

Los pobladores de los ocho barrios convirtieron plazas, calles y la Macroplaza en escenarios; la ruta culminó en el Cerro de la Estrella, donde se escenificó la crucifixión. La puesta en escena combina años de ensayos, la participación de vecinos en papeles, vestuario y escenografía, y una logística coordinada por el Comité Organizador de la Semana Santa en Iztapalapa.

La representación movilizó a miles de actores y nazarenos y atrajo a una afluencia que diversos medios estimaron en cifras millonarias, lo que convirtió al evento en una jornada de intensa concurrencia y visibilidad nacional e internacional.

Los medios que cubrieron el viacrucis destacaron la preparación física y espiritual que conlleva interpretar los papeles principales; en el caso de Arnulfo Eduardo Morales Galicia, múltiples reportes señalaron su condición de médico egresado de la UNAM y la rutina de entrenamiento para soportar la carga durante el recorrido principal.

La historia de la Pasión en Iztapalapa se remonta al siglo XIX: fuentes señalan que la práctica comenzó en 1843 como cumplimiento de una manda al Señor de la Cuevita tras una epidemia, y desde entonces ha evolucionado hasta convertirse en una manifestación comunitaria que combina fe, artesanía y organización vecinal.

Para los participantes, el viacrucis es tanto un acto de devoción como una forma de preservar identidad: vecinos que hacen la escenografía, jóvenes que practican semanas antes y fieles que cumplen mandas entrecruzaron experiencia religiosa y sentido de pertenencia durante la jornada.

Con el nuevo estatus conferido por la Unesco, organizadores y autoridades locales han señalado la necesidad de compatibilizar la apertura al público y la protección de la tradición; la inscripción pone foco en la importancia de la conservación de prácticas, saberes y organización comunitaria que sostienen la representación.

Al bajar del Cerro de la Estrella, los rostros de participantes y espectadores reflejaron tanto el cansancio físico del recorrido como la continuidad de una tradición que, tras el reconocimiento internacional, llega a una nueva etapa de visibilidad y responsabilidad colectiva.

Viacrucis de Iztapalapa 2026: la tradición sale a las calles tras su ingreso a la Lista de la Unesco