La columnista Yuriria Iturriaga plantea la necesidad de reformular el programa federal Sembrando Vida para convertirlo en una “cruzada” que recupere tierras de ejidos y comunidades para sus legítimos herederos y que promueva policultivos regionales en lugar de monocultivos orientados a la exportación.
Iturriaga argumenta que, aun conservando el nombre del programa, la transición debe priorizar la seguridad alimentaria local y evitar que los apoyos se traduzcan en producción destinada únicamente a mercados extranjeros.
El llamado se publica en un momento en que Sembrando Vida sigue activo en 2026: el programa ha impulsado operaciones como la recolección nacional de maíces nativos y mantiene apoyos a sembradores, además de acciones de restauración ecológica y acompañamiento técnico a productores.
Especialistas y reportes oficiales señalan que las acciones recientes del programa incluyen la preservación de semillas nativas y la distribución de insumos productivos, y que las reglas de operación y apoyos económicos se mantienen en 2026.
La propuesta de reformulación abre el debate sobre el equilibrio entre objetivos ambientales, la soberanía alimentaria y el fomento de mercados de exportación: sus defensores apuntan a mejorar la autosuficiencia y la resiliencia comunitaria; sus críticos dicen que una orientación errónea podría reducir oportunidades de ingreso para productores.
La columna de Iturriaga invita a revisar el diseño de Sembrando Vida para que, según la autora, sus beneficios se traduzcan en recuperación de la tierra y en modelos productivos más sustentables y orientados al mercado interno.

