La escritora chilena Alejandra Costamagna reflexionó sobre la ausencia, la amistad y la memoria en Dónde puedo dejarlo, su novela ambientada en 1989. La historia sigue a dos amigas de 18 años: una desaparece después de integrarse a una organización clandestina y la otra queda enfrentada a las preguntas y al vacío que deja su partida.
En la conversación, Costamagna explicó que eligió narrar desde quien permanece, en vez de apropiarse de la voz de la amiga ausente. Para la autora, la desaparición deja huellas en ambas: quien se va desconoce las heridas de quien se queda, mientras esta última ignora qué ocurre con su amiga.
Una amistad que cambia de forma
La novela se acerca a esa pérdida a través de la amistad, un vínculo cuyos códigos, según Costamagna, construyen las propias personas. En el relato, la cercanía entre las protagonistas también implica complicidad y una identidad que empieza a mezclarse: una de ellas llega a ocupar el lugar de la otra en la relación con su padre.
La autora contó que una imagen impulsó la escritura: un padre que celebra el cumpleaños de su hija desaparecida junto con familiares y amigas. En el libro, los objetos cotidianos —como una prenda o un cepillo de dientes— adquieren un peso particular porque conservan rastros materiales de quien ya no está.
El lenguaje para narrar lo que falta
Costamagna describió el lenguaje como un eje de la novela. Trabajó con silencios, cortes y una especie de diccionario personal para acercarse a experiencias difíciles de nombrar; entre ellas, la palabra “desaparecer”, que en el libro queda asociada a un vacío antes que a una definición cerrada.
La escritora también señaló la influencia de Nox, de Anne Carson, en su reflexión sobre cómo acompañar la ausencia sin intentar llenarla. Esa búsqueda formal se relaciona con la estructura del relato, que alterna perspectivas y deja espacio para la conjetura, en lugar de ofrecer una explicación definitiva sobre la protagonista que falta.
Situada en los años de transición posteriores a la dictadura chilena, la novela enlaza la historia íntima de las amigas con un periodo marcado, en palabras de Costamagna, por las huellas de la dictadura y las tensiones de una democracia en formación. La autora plantea la ficción como una vía para abordar ese contexto desde los afectos y los silencios.
