La imagen comenzó a formarse en la Macroplaza del Jardín Cuitláhuac: vecinos y organización comunitaria afinando vestuarios y escenarios mientras se confirmaba quién cargaría la cruz en la edición 183 de la Pasión de Cristo en Iztapalapa.
Arnulfo Eduardo Morales Galicia, médico cirujano egresado de la UNAM, fue elegido para interpretar a Jesús en las actividades que arrancaron desde Jueves Santo, 2 de abril de 2026, y que culminan con el viacrucis y la crucifixión en el Cerro de la Estrella.
La selección del protagonista implicó un proceso exigente: según la organización, hubo pruebas físicas y de dicción entre más de veinte aspirantes, y la preparación incluyó trabajo físico —con cargas y recorridos— además de ejercicios espirituales y ensayos en la Casa de los Ensayos.
Arnulfo ha explicado que la tradición forma parte de su vida desde la infancia y que asumir el papel implica una transformación personal. “Creo que nacemos con esto de la Semana Santa… nuestros antepasados nos transmiten ese gusto y ese amor”, dijo en una entrevista publicada durante la preparación del evento.
Esta edición llega luego del reconocimiento de la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un sello que autoridades y miembros del comité organizador han resaltado al coordinar horarios, recorridos y un operativo de seguridad para miles de asistentes.
El viacrucis oficial comenzó por la tarde, con un despliegue que incluye escenas como la Última Cena y el paso por las distintas estaciones a lo largo de calles como Aztecas, 5 de Mayo, Toltecas y el camino hacia el Cerro de la Estrella; las actividades principales del Viernes Santo están programadas para iniciar entre las 13:00 y las 14:00 horas.
Más allá del papel central de Arnulfo, la representación sigue siendo un esfuerzo colectivo: vecinos, integrantes del Comité Organizador de Semana Santa en Iztapalapa A.C. y cientos de participantes dieron forma a escenarios y vestuario para mantener una tradición que, año con año, atrae a fieles y visitantes.
La jornada dejó ver, una vez más, la mezcla de devoción, disciplina física y memoria comunitaria que sostiene la Pasión de Iztapalapa, y que en 2026 se presenta bajo la mirada de un joven profesional que se integra a una costumbre local con más de un siglo de historia.

