Un grupo de 35 biólogos y especialistas documentó 397 especies de flora y fauna en las inmediaciones del cerro Cuchumá, en Tecate, Baja California, durante dos jornadas realizadas en mayo de 2026. El registro busca preservar la evidencia de la biodiversidad que enfrenta riesgos por las obras del muro fronterizo y las detonaciones efectuadas en territorio estadounidense desde febrero pasado.
La zona intervenida forma parte de una servidumbre ecológica administrada por Fundación La Puerta A.C. desde 2003 y es considerada sagrada por el pueblo indígena Kumiai. Aunque los trabajos se desarrollan del lado de Estados Unidos, especialistas y organizaciones advierten que sus efectos alcanzan los corredores biológicos y los ecosistemas ubicados a ambos lados de la frontera.
Un registro para conservar la memoria del ecosistema
Durante los recorridos, las personas participantes utilizaron cámaras de celulares y equipo especializado para identificar huellas, avistamientos, excretas y otros indicios de vida. Las observaciones fueron incorporadas a iNaturalist, una plataforma digital de acceso público que permite documentar y consultar especies.
El trabajo formó parte del proyecto binacional BioBlitz de la Frontera 2026, una iniciativa de ciencia ciudadana que reúne a organizaciones de México y Estados Unidos para registrar la biodiversidad en la región fronteriza. Para Daniela Ramírez Cuevas, bióloga y coordinadora del proyecto en Cuchumá, conocer qué especies existen permite dimensionar lo que podría perderse.
“Es necesario saber qué existe para saber qué se va a perder”.
Fragmentación de corredores y alteraciones al hábitat
El Expediente Integral para la Protección y Conservación del Cerro Cuchumá, publicado el 21 de mayo de 2026, advierte que la construcción de la barrera física puede fragmentar el hábitat, interrumpir el flujo genético y dificultar la dispersión de especies.
El documento también señala posibles modificaciones al sistema hidrológico, degradación del suelo, alteración de escurrimientos y drenajes naturales, además de riesgos de inestabilidad de laderas, incendios forestales y efectos acumulativos sobre el territorio. Estos cambios pueden reducir la resiliencia del ecosistema, es decir, su capacidad para adaptarse y sobrevivir a las alteraciones ambientales.
La preocupación aumentó el 28 de mayo, cuando se reportó el hallazgo de un puma atropellado en las inmediaciones del rancho Harris, en Potrero, California, a unos 18 kilómetros del cerro. Especialistas explicaron que la fragmentación del hábitat puede obligar a los animales a modificar sus rutas en busca de agua y alimento, acercándolos a zonas urbanas y vialidades.
“La intervención del ecosistema es un acto violento, es un atentado contra la vida”, afirmó Daniela Ramírez Cuevas al referirse a los trabajos en la montaña.
Además del impacto ambiental, habitantes y organizaciones han señalado afectaciones al valor cultural y espiritual del Cuchumá, una montaña que forma parte del patrimonio biocultural de la región. El registro de las 397 especies busca contribuir a la conservación de esa memoria mientras continúan las obras fronterizas.
