El 18 de marzo de 2025 el pleno del Congreso de la Ciudad de México aprobó un dictamen que transforma la regulación de la tauromaquia en la capital: las corridas pasan a clasificarse como “espectáculos taurinos sin violencia” y la reforma fue publicada en la Gaceta Oficial el 25 de marzo de 2025, entrando en vigor al día siguiente.
La nueva definición prohíbe expresamente causar cualquier tipo de lesión a los animales o provocar su muerte durante o después del evento. La ley establece sanciones económicas en caso de incumplimiento y exige la elaboración de un reglamento específico en plazos establecidos por la propia disposición transitoria.
La reforma obliga a reorganizar temporadas y programación: introduce requisitos sobre el anuncio previo de elencos y ganaderías, fianzas para garantizar cumplimiento y controles administrativos que deberán verificarse antes de la venta de boletos.
La medida generó reacciones encontradas. Promotores y aficionados advierten que la tauromaquia tradicional resulta inviable si se eliminan las prácticas que consideran esenciales para el rito, mientras que defensores del bienestar animal y autoridades saludan la modificación como un avance en la protección de los animales.
Analistas culturales y columnistas han apuntado además a factores estructurales que explican el declive de la fiesta: mala gestión del empresariado, falta de renovación de figuras nacionales y pérdida de públicos, fenómenos que, según estas lecturas, preceden y complementan el cambio legal.
En lo práctico, las disposiciones transitorias fijan plazos para que el Gobierno de la Ciudad de México emita el reglamento correspondiente y para que el Congreso armonice la legislación aplicable. Mientras tanto, la norma ya rige y abre una nueva etapa en la relación entre la tauromaquia, el derecho y la opinión pública en la capital.

