El domingo 24 de mayo de 2026 decenas de miles de personas se manifestaron en el centro de Madrid para exigir una intervención urgente frente al encarecimiento de los alquileres y la escasez de vivienda asequible. Los asistentes recorrieron calles del centro de la capital y corearon consignas contra el “rentismo” y la falta de políticas públicas efectivas.
La protesta, convocada por colectivos de inquilinas y organizaciones sociales, se replicó en otras ciudades españolas como Guadalajara, Zaragoza, Teruel y Badajoz, en lo que los organizadores describen como una oleada de movilizaciones por el derecho a la vivienda.
Las cifras ofrecidas por las fuentes varían: los organizadores hablaron de decenas de miles de participantes, mientras que las autoridades ofrecieron conteos menores. La demanda central de las marchas fue una regulación más estricta de los precios del alquiler, así como la recuperación de viviendas en manos de fondos para destinarlas a un parque público de vivienda asequible.
El movimiento también apuntó a datos estructurales que explican la protesta. Según informes recientes del Observatorio de la Emancipación, la proporción de jóvenes emancipados permanece en niveles muy bajos, y la imposibilidad de acceder a una vivienda propia agrava la precariedad de una generación.
Los convocantes anunciaron que las movilizaciones continuarán en las próximas semanas para presionar a las administraciones locales y nacionales a tomar medidas más contundentes. Entre las propuestas en discusión figuran topes temporales a los alquileres, incentivos para el alquiler social y un plan más ambicioso de construcción y rehabilitación de vivienda pública.

