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El Jardín Etnobotánico del INAH en Morelos marca cinco décadas como refugio de plantas y saberes

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Entre senderos poblados de plantas medicinales y estantes que guardan ejemplares secos, el Jardín Etnobotánico del Centro INAH Morelos funciona como un museo vivo donde la botánica y la cultura se encuentran.

El recinto, ubicado en el barrio de Acapantzingo en Cuernavaca, reúne colecciones vivas, un herbario, una colección de semillas, áreas de propagación y la sala dedicada a la medicina tradicional y la herbolaria, funciones que le han permitido consolidarse durante cerca de cinco décadas.

Desde su origen vinculó el trabajo etnobotánico con la antropología: los registros históricos atribuyen al trabajo de investigación en la región la conformación de las colecciones y la orientación del jardín como espacio de estudio e intercambio sobre el uso de plantas medicinales.

El Jardín ha funcionado como plataforma para la investigación interdisciplinaria, incorporando disciplinas como la taxonomía, la fitoquímica y la etnografía, y promoviendo actividades de educación ambiental y difusión para públicos diversos.

Un rasgo destacado del espacio es su relación con parteras, curanderos y saberes populares: a lo largo de su trayectoria el jardín ha desarrollado programas de vinculación que permiten documentar, validar y transmitir prácticas terapéuticas tradicionales, así como conservar especies de uso medicinal en sus colecciones.

Además de su labor investigadora, el jardín participa en redes y foros que lo relacionan con otros jardines etnobiológicos del país y con iniciativas académicas, lo que refuerza su papel como nodo para la conservación biocultural y la divulgación del conocimiento ancestral.

Al cumplirse cinco décadas desde su consolidación como jardín etnobotánico y museo de medicina tradicional, el espacio sigue operando como puente entre la academia y las comunidades, preservando tanto especies vegetales como memorias terapéuticas que forman parte del patrimonio biocultural de Morelos.

El Jardín Etnobotánico del INAH en Morelos marca cinco décadas como refugio de plantas y saberes