Las elecciones de medio término del 3 de noviembre en Estados Unidos se han convertido en una prueba para Donald Trump y el Partido Republicano. El presidente busca que los candidatos republicanos reciban el respaldo que obtuvo en 2024, pero distintos sondeos muestran que una parte importante del electorado considera su voto para el Congreso una forma de rechazarlo.
El escenario también está marcado por la preocupación económica. La inflación, el costo de la vida, los precios de la energía y la atención médica figuran entre los asuntos que más influyen en la decisión de los votantes, mientras la oposición demócrata intenta convertir el descontento en una ventaja electoral.
Un voto cada vez más ligado al presidente
En una encuesta realizada entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre, 44% de los votantes registrados dijo que su decisión para el Congreso sería un voto contra Trump, frente a 19% que la consideró un respaldo al presidente. Para 36%, Trump no sería un factor determinante. Entre quienes apoyan a candidatos demócratas, 84% relacionó su voto con la oposición al mandatario, mientras 48% de los simpatizantes republicanos lo interpretó como una muestra de apoyo presidencial.
La misma medición ubicó a los demócratas ocho puntos por encima de los republicanos en la intención de voto nacional para la Cámara de Representantes: 44% frente a 36%. Además, el nivel de aprobación de Trump se situó en 30%, el más bajo de su segundo mandato hasta ese momento.
Otra encuesta, levantada del 10 al 12 de octubre, mostró una ventaja demócrata de siete puntos entre los votantes registrados para la Cámara. Entre quienes ya habían votado o afirmaban que acudirían a las urnas, la diferencia aumentaba a 11 puntos. En esa medición, 34% aprobó el desempeño presidencial y 62% lo desaprobó.
La economía, el principal motivo de preocupación
La economía aparece como el asunto prioritario para 84% de los votantes registrados, mientras una proporción similar menciona el costo de la vida. La atención médica y la guerra contra Irán también forman parte de las preocupaciones centrales, aunque las evaluaciones sobre el manejo presidencial de la economía y los precios son especialmente negativas.
El malestar económico ofrece a los demócratas una oportunidad para responsabilizar al partido que controla la Casa Blanca y el Congreso. La estrategia opositora se ha reflejado en el gasto publicitario: desde septiembre, los anuncios demócratas que mencionan a Trump han superado ampliamente a los republicanos en inversión.
El entusiasmo también favorece a la oposición. 51% de los demócratas declaró estar más motivado para votar que en elecciones legislativas anteriores, frente a 41% de los republicanos y 29% de los independientes. La diferencia podría ser relevante en una elección de medio término, en la que la participación suele ser menor que en los comicios presidenciales.
Trump apuesta por convertir la elección en un referéndum
El presidente ha colocado su figura en el centro de la campaña mediante mítines y actos políticos. En Mobile, Alabama, pidió a sus seguidores imaginar que él aparecía en la boleta, una estrategia que busca movilizar a su base, pero que también puede hacer que los candidatos republicanos carguen con el desgaste de la administración.
Las elecciones legislativas suelen funcionar como un referéndum sobre el presidente en turno, aunque los candidatos locales pueden intentar diferenciarse de la política nacional. Al asociar directamente a los republicanos con su gestión, Trump reduce ese margen de separación y convierte el resultado del 3 de noviembre en una evaluación más directa de su segundo mandato.
El resultado definirá si los republicanos mantienen el control del Senado, la Cámara de Representantes y varias gubernaturas. También será una señal sobre la capacidad del trumpismo para conservar su fuerza electoral cuando la imagen presidencial enfrenta una desaprobación elevada y los votantes colocan el costo de la vida por encima de la confrontación partidista.
