Un estudio publicado en mayo de 2026 proyecta que el sector de viajes y turismo crecerá a una tasa anual promedio de 3.6% durante la próxima década —es decir, 1.5 veces más rápido que la economía mundial, cuya previsión anual es de 2.4%—. Para 2026, el sector aportaría alrededor de 9.9% del producto interno bruto global y daría soporte a unos 376 millones de empleos.
El análisis subraya la resiliencia del turismo tras la recuperación de los viajes internacionales y señala que, pese a riesgos como conflictos y presiones sobre la conectividad aérea, la demanda se mantiene y los viajeros tienden a ajustar destinos más que a cancelar planes.
Entre las recomendaciones para sostener ese ritmo de crecimiento figuran inversiones en infraestructura inteligente, adopción de tecnologías digitales, gestión sostenible de destinos y desarrollo de talento local. El estudio plantea además la necesidad de mejorar la conectividad transfronteriza para aprovechar plenamente el potencial del sector.
El impulso del turismo tiene implicaciones económicas y laborales: además de captar mayores flujos de inversión, el crecimiento proyectado puede traducirse en generación de empleo regional y en oportunidades para cadenas de valor locales, aunque requiere políticas públicas y privadas que prioricen sostenibilidad y capacitación.
Para los destinos y empresas turísticas, el reto será equilibrar la recuperación económica con la gestión ambiental y social, de modo que el crecimiento sea duradero y distribuya beneficios a comunidades receptoras.

