Informes de inteligencia de Estados Unidos indican que Cuba habría acumulado más de 300 drones militares y que, en reuniones internas, se habrían discutido escenarios para emplearlos contra la base naval de Guantánamo, buques de la Marina y posibles objetivos en la Florida.
La presunta acumulación —que fuentes de inteligencia sitúan como gradual desde 2023— incluiría equipos procedentes de Rusia e Irán y habría sido ubicada en puntos estratégicos de la isla, según las evaluaciones difundidas en Washington.
Autoridades cubanas rechazaron las acusaciones. La Cancillería calificó las versiones como un “caso fraudulento” y afirmó que Cuba no amenaza a ningún país, subrayando su derecho a la defensa ante lo que describen como presiones y agresiones externas.
Funcionarios estadounidenses han advertido que la información de inteligencia, aun cuando no ha sido publicada en su totalidad, ha elevado la preocupación en la administración por la posibilidad de ataques con drones y por la presencia de asesores extranjeros en la isla.
La veracidad de las denuncias depende de evidencias que no han sido divulgadas públicamente; el asunto sigue en investigación y podría tener implicaciones diplomáticas y de seguridad regional si se confirman los hallazgos.

