Detonaciones vinculadas a obras para ampliar la frontera han producido daños en el cerro Cuchumá, una montaña que atraviesa la línea divisoria entre México y Estados Unidos y que es considerada sagrada por la comunidad kumiai.
La intervención explosiva en las faldas del cerro provocó la destrucción parcial de formaciones rocosas y un monolito, y generó alertas por posibles impactos sobre la flora y la fauna locales. Un levantamiento de observación de aves en la falda del Cuchumá registró un total de 69 especies asociadas al matorral desértico y chaparral del área, mientras que en una jornada más reciente se contabilizaron 40 especies en rondas de observación diurna y nocturna.
Representantes de la comunidad indígena expresaron su preocupación por la pérdida de sitios ceremoniales y por la fragmentación de hábitats que sirven como corredores biológicos. Ambientalistas y organizaciones locales advirtieron que las detonaciones también podrían afectar la recarga hídrica y la estabilidad del ecosistema en la región.
Autoridades estatales solicitaron la suspensión de actividades de alto impacto en la zona y pidieron la realización de evaluaciones binacionales para determinar el alcance de los daños culturales y ambientales. En paralelo, colectivos ciudadanos y organizaciones de conservación han convocado a jornadas de conteo y acciones coordinadas para proteger la montaña y su biodiversidad.
La controversia ha generado un llamado a la protección del patrimonio biocultural y a la observancia de protocolos de consulta a pueblos originarios, ante la posibilidad de daños irreversibles al territorio y a especies residentes y migratorias que dependen del ecosistema del Cuchumá.

