Han transcurrido tres meses desde que, el 28 de febrero de 2026, una serie de ataques aéreos atribuidos a Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán desencadenaron un conflicto regional. Ese día las autoridades iraníes y medios estatales confirmaron la muerte del líder supremo, Alí Jamenei, entre los fallecidos en los bombardeos.
Las fuerzas iraníes respondieron con lanzamientos de misiles y drones contra objetivos en la región y denunciaron la imposición de bloqueos en puntos clave de navegación, incluido el estrecho de Ormuz, vital para el transporte de petróleo. Desde entonces se han reportado ataques a instalaciones energéticas y a infraestructura estratégica.
El vacío de poder se resolvió formalmente cuando la Asamblea de Expertos designó a Mojtaba Khamenei como nuevo líder supremo en los días siguientes a los ataques, una decisión que las instituciones de seguridad iraníes respaldaron públicamente.
El conflicto ha causado un impacto humanitario y económico: medios y fuentes internacionales mencionan miles de muertos y daños a zonas civiles, además de repercusiones en los mercados energéticos por las interrupciones en el estrecho de Ormuz.
Al mismo tiempo, hay esfuerzos diplomáticos y propuestas de alto al fuego y negociación entre las partes y mediadores internacionales. Algunas iniciativas han logrado suspensiones parciales de las hostilidades por periodos limitados, mientras persisten incidentes aislados y acusaciones mutuas de violaciones al cese de fuego.
La situación permanece volátil y su evolución dependerá de las negociaciones en curso y de las decisiones de los gobiernos implicados, por lo que las autoridades internacionales han llamado a la contención para evitar una mayor escalada.

