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La Nopalera: del cultivo de nopales a un barrio con identidad propia en Tláhuac

La colonia La Nopalera, en la alcaldía Tláhuac, surgió a mediados del siglo XX sobre una fracción de tierra ejidal identificada por un cultivo de nopales ubicado junto a la antigua calzada México-Tulyehualco, hoy avenida Tláhuac. Con el tiempo, aquel punto de referencia dio nombre a un asentamiento que pasó de tener casas aisladas entre sembradíos a convertirse en un importante centro comercial y vecinal del oriente de la Ciudad de México.

Los primeros años del asentamiento

Los primeros pobladores recuerdan una zona con caminos de tierra, inundaciones durante la temporada de lluvias y polvaredas en los meses de estiaje. José Francisco Ortega llegó cuando tenía 13 años, después de que su padre adquiriera un lote de aproximadamente 400 metros cuadrados mediante un trato con un ejidatario de San Lorenzo Tezonco.

En esos terrenos, algunas familias criaron animales y levantaron sus viviendas mientras buscaban nuevas formas de subsistencia. Con los años, varios negocios familiares se consolidaron y algunos permanecen activos, como el establecimiento de sopes cuya tradición se remonta a 1965.

El mercado que abasteció a las colonias cercanas

La Nopalera adquirió relevancia como centro de abasto para sus habitantes y para personas de colonias vecinas, entre ellas Miguel Hidalgo y La Turba. En la actualidad, el mercado público Abraham del Llano —también conocido como mercado de La Nopalera— forma parte del registro oficial de mercados de la Ciudad de México.

Antes de ocupar sus instalaciones actuales, algunos comerciantes comenzaron a vender en la calle Gallo de Oro, cerca de un hidrante que suministraba agua a la colonia. Posteriormente se trasladaron a un predio contiguo, donde construyeron puestos de madera y lámina que dieron forma al espacio comercial.

Un tianguis nocturno con generaciones de historia

Además del mercado público, la colonia es conocida por su tianguis nocturno, instalado de miércoles a lunes en las calles Angélica Paulet y Ricardo Monges López. La actividad comercial se extiende desde las 19 horas hasta después de la medianoche, con puestos de alimentos, productos y mercancías diversas.

El mercado también concentra historias de familias que han transmitido sus oficios de una generación a otra. Entre ellas se encuentra la de Trinidad Retana Lemus, quien llegó desde Milpa Alta alrededor de 1967 para continuar con la venta de barbacoa. Actualmente, el negocio familiar permanece en manos de sus descendientes.

De la periferia rural a una comunidad consolidada

La transformación de La Nopalera refleja el crecimiento urbano del sureste capitalino. Los antiguos cultivos y terrenos abiertos dieron paso a viviendas, comercios, transporte y espacios de convivencia, sin que desapareciera la importancia del mercado como punto de encuentro.

Su historia permanece en los negocios tradicionales, en los recuerdos de quienes llegaron cuando todavía predominaban el lodo y el polvo, y en la actividad cotidiana de un barrio que convirtió un cultivo de nopales en una identidad comunitaria.