La capacidad de transporte de energía —la red de transmisión— aparece como el factor decisivo en la próxima etapa de la política energética mexicana. Sin una red suficientemente robusta, la expansión de renovables, la confiabilidad del servicio y la meta de descarbonización quedan seriamente comprometidas.
En las últimas semanas, la Comisión Federal de Electricidad puso sobre la mesa un paquete importante de obras para ampliar la Red Nacional de Transmisión: decenas de proyectos que implican miles de kilómetros de nuevas líneas y cientos de MVA de capacidad de transformación. El programa incluye inversiones por decenas de miles de millones de pesos y obras que las autoridades presentan como prioritarias para 2026‑2027.
¿Por qué importa la transmisión? Porque permite integrar parques eólicos y solares distantes de los centros de consumo, reduce cuellos de botella que provocan congestión y costos adicionales, y es condición para que la electrificación avance sin poner en riesgo la confiabilidad del suministro.
Además de inversión en obras, las autoridades han ajustado los marcos económicos que afectan la transmisión; por ejemplo, hubo una actualización de tarifas para el servicio público de transmisión vigente en 2026. Las decisiones regulatorias sobre tarifas, concursos y esquemas de financiamiento serán determinantes para que las obras sean viables y atraigan a contratistas y capital privado cuando sea necesario.
La discusión técnica se enlaza con una reconfiguración política: la planeación estratégica del sistema vuelve a colocarse en el centro de la política pública, con la CFE como actor principal en la ejecución de proyectos y el Estado promoviendo mecanismos para coordinar inversión, operación y viabilidad financiera.
El desafío es doble: acelerar la construcción de la red sin descuidar la eficiencia económica y, al mismo tiempo, garantizar que la infraestructura sirva a objetivos de justicia energética —acceso universal y tarifas sostenibles— en un contexto de mayor demanda eléctrica.
En los próximos meses se esperan concursos, asignaciones y seguimientos a los paquetes de obra anunciados; el éxito dependerá de una estrecha coordinación entre planeación, regulación y financiamiento para que la transmisión deje de ser el cuello de botella que frena la transición.

