La Comisión Federal de Electricidad (CFE) presentó en 2026 un portafolio de 58 proyectos de transmisión y transformación diseñados para ampliar la Red Nacional de Transmisión (RNT) y reducir los riesgos de congestión en regiones con alta demanda.
Según el plan oficial, las obras contemplan la construcción de 3,473 kilómetros de nuevas líneas de transmisión y la incorporación de 6,118 MVA de capacidad de transformación para el periodo 2025–2030, medidas que buscan atender zonas industriales, turísticas y agrícolas con crecimiento de consumo.
Expertos y notas de análisis publicadas recientemente señalan que, más allá de aumentar la generación, el verdadero cuello de botella para la transición energética en México es la capacidad de transmisión: sin una red más fuerte no es posible integrar masivamente energías renovables ni garantizar la estabilidad del sistema.
En lo operativo, la CFE ha actualizado tarifas reguladas de transmisión para 2026 y puesto en marcha equipos de compensación eléctrica (STATCOM) en el norte y noroeste del país, inversiones que las autoridades presentan como parte de una estrategia para reducir el riesgo de apagones y mejorar la confiabilidad.
El debate político y técnico también abarca la forma en que se coordina la planeación del sistema: desde posturas que piden mayor conducción estatal hasta propuestas de esquemas mixtos que combinen inversiones públicas y privadas, siempre con la necesidad de priorizar la estabilidad y el acceso universal.
La ampliación de la red y las mejoras tecnológicas —como HVDC, inversores tipo grid‑forming y sistemas de almacenamiento— aparecen como elementos clave para equilibrar la entrada de fuentes intermitentes con los requerimientos de firmeza y calidad del servicio.
En resumen, las decisiones sobre inversión en transmisión durante los próximos años definirán en buena medida la capacidad de México para ampliar la electrificación, acelerar la descarbonización y sostener el crecimiento económico sin sacrificar la confiabilidad del suministro.

