El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dijo en la reunión de gabinete del 27 de mayo de 2026 que, desde el 3 de enero de este año, más de 10 millones de barriles de petróleo venezolano han sido entregados a territorio estadounidense.
Rubio añadió que los ingresos por la venta de ese crudo se depositan en una cuenta con sede en Estados Unidos, controlada y supervisada por el Departamento del Tesoro, y que la firma KPMG realiza auditorías sobre esos fondos. “Por primera vez, ese dinero no se está robando”, afirmó el secretario.
La declaración se enmarca en la reconfiguración de la relación entre Washington y Caracas, en la que la comercialización del petróleo figura como un componente central para la recuperación y estabilización económica de Venezuela, según describió Rubio en su intervención.
Analistas advierten que la recuperación sostenida de la industria petrolera venezolana enfrenta retos importantes: décadas de deterioro de infraestructura, falta de inversión y pendientes legales sobre cargamentos y activos energéticos que podrían limitar la velocidad y el volumen de suministro hacia refinerías externas.
La cifra y las afirmaciones del secretario de Estado representan un cambio significativo en la narrativa sobre el manejo del petróleo venezolano y sus ingresos; el asunto sigue siendo sensible y está sujeto a verificación adicional por parte de autoridades y auditores independientes.

