El 5 de agosto de 1962, Marilyn Monroe fue encontrada muerta en la recámara de su residencia en Brentwood, Los Ángeles. Tenía 36 años; su nombre de nacimiento era Norma Jeane Mortenson y había nacido el 1 de junio de 1926.
La mucama llamó a los médicos cuando no pudo entrar a la habitación cerrada; los médicos entraron por una ventana y localizaron el cuerpo. Cerca de la cama se hallaron frascos y una botella vacía de nembutal, lo que llevó a que la causa fuera atribuida a una sobredosis de barbitúricos.
Las autoridades y los médicos forenses realizaron las diligencias correspondientes; la muerte fue reportada como un hecho trágico que generó una investigación y múltiples versiones sobre si se trató de un suicidio, accidente o algo distinto.
Monroe se había convertido en un referente cultural de Hollywood: protagonizó películas exitosas en las décadas de 1950 y principios de 1960 y su vida personal —matrimonios, salud mental y relaciones con figuras públicas— estuvo frecuentemente en la atención pública.
El funeral de la actriz contó con pocos asistentes cercanos; la cobertura periodística de la época y los estudios posteriores han mantenido el interés sobre las circunstancias de su fallecimiento, alimentando investigaciones, libros y documentales.
En 2026 se conmemoró el centenario de su nacimiento, un momento que reavivó la atención sobre su carrera y la discusión pública sobre su legado y las circunstancias de su muerte.

