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Mentalidad de crecimiento y evaluaciones: el debate sobre medir aprendizajes en México

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Organismos internacionales y autoridades mexicanas sostienen posiciones encontradas sobre la evaluación educativa mientras crece el interés por enfoques que fomenten la “mentalidad de crecimiento” en estudiantes.

La relevancia del tema radica en que, más allá de debates ideológicos, las evaluaciones ofrecen datos para orientar políticas y detectar brechas de aprendizaje. La Unesco advirtió en su diagnóstico sobre México que la ausencia de evaluaciones nacionales limita la capacidad para medir los resultados de la Nueva Escuela Mexicana y planear acciones focalizadas.

La mentalidad de crecimiento es un concepto académico desarrollado por Carol Dweck que describe la creencia de que las habilidades intelectuales pueden desarrollarse con práctica y esfuerzo; la postura opuesta se denomina mentalidad fija. Estudios y revisiones de la literatura educativa han promovido intervenciones que enseñan a los estudiantes a interpretar desafíos y errores como oportunidades de aprendizaje.

Históricamente, las mediciones formales de habilidades cognitivas se remontan a instrumentos como la escala Binet‑Simon, creada a comienzos del siglo XX para identificar necesidades educativas. Ese antecedente explica por qué las pruebas siguen siendo una herramienta técnica para diagnosticar capacidades y diseñar apoyos pedagógicos.

En México, el debate sobre evaluaciones incluye críticas a las pruebas estandarizadas y demandas por instrumentos más pertinentes al contexto. La Secretaría de Educación Pública ha cuestionado el uso de comparativas internacionales como objetivo principal, al tiempo que reporta avances en acciones locales; en comunicados y comparecencias se han citado cifras de brigadas y evaluaciones aplicadas a millones de alumnos en programas de salud y diagnósticos en escuelas.

Al mismo tiempo, organizaciones internacionales subrayan que sin un sistema de evaluación robusto es difícil medir los efectos de cambios curriculares o verificar si prácticas pedagógicas —incluida la promoción de mentalidades de crecimiento— producen mejoras en aprendizajes. La evidencia académica sugiere que la mentalidad de crecimiento puede potenciar la respuesta al desafío, pero su impacto suele ser mayor cuando se combina con evaluaciones que informen sobre debilidades concretas y permitan diseñar intervenciones puntuales.

Las implicaciones para política pública apuntan a un enfoque mixto: conservar diagnósticos y evaluaciones que entreguen información útil y accionable, y al mismo tiempo promover en aulas prácticas pedagógicas que fomenten la resiliencia y la disposición al esfuerzo. Sin datos confiables, las autoridades y docentes tienen menos elementos para priorizar recursos y atender desigualdades educativas.

En conclusión, el debate sobre la mentalidad de crecimiento y las evaluaciones en México no es solo conceptual: requiere instrumentos de medición pertinentes que generen evidencia para mejorar la enseñanza. Combinar evaluaciones diagnósticas con estrategias pedagógicas orientadas al desarrollo del aprendizaje puede ofrecer una vía para que las políticas educativas sean más eficaces y focalizadas.

Mentalidad de crecimiento y evaluaciones: el debate sobre medir aprendizajes en México