El Índice de Morosidad Ajustado (Imora) de las tarjetas de crédito llegó a 13.7% durante junio de 2026, su nivel más alto desde diciembre de 2021, en un contexto de crecimiento acelerado del crédito al consumo y un aumento en los impagos de la banca privada.
El indicador considera tanto la cartera vencida como los créditos castigados por los bancos durante los últimos 12 meses, por lo que ofrece una medición más amplia del deterioro de los financiamientos. En el caso de las tarjetas, el avance ocurre mientras más personas recurren al crédito para sostener sus gastos.
Crece el uso de tarjetas de crédito
Al cierre de junio, la cartera de tarjetas de crédito alcanzó un saldo de 735 mil millones de pesos, lo que representó un crecimiento de 8.2% frente al mismo mes de 2025. El financiamiento bancario total también mantuvo su expansión, con un avance anual de 3.2%, superior al 1.7% registrado en mayo.
El crédito al consumo aumentó 7.6% anual. Dentro de este segmento destacaron los préstamos automotrices, con un crecimiento de 11.6%, y los saldos de tarjetas de crédito, que avanzaron 8.2%.
En otros segmentos, el crédito hipotecario creció 1.5% en junio, mientras que el financiamiento destinado a empresas aumentó 1.3%, después de haber registrado una disminución de 1% durante el mes previo.
También aumenta la morosidad tradicional
La morosidad de los financiamientos al consumo se ubicó en 3.3% en junio, frente al 3% registrado un año antes. Los préstamos personales presentaron el nivel más elevado, con 5.2%, seguidos por los microcréditos, con 4.7%.
En las tarjetas de crédito, el índice de morosidad pasó de 3.3% a 3.6% en un año. También se observaron aumentos en los financiamientos de nómina y automotrices. Para el conjunto de la cartera bancaria, el indicador llegó a 2.3%, un incremento de 0.2 puntos porcentuales respecto a junio de 2025.
Bancos anticipan un deterioro moderado
Una encuesta del Banco de México sobre las condiciones y estándares del mercado de crédito mostró que 66.7% de los bancos con mayor participación no esperaba cambios en la calidad de su cartera de consumo durante el año. El 33.3% restante consideró que esa calidad se deterioraría moderadamente.
El aumento de la morosidad ocurre después de un periodo de fuerte expansión del crédito al consumo, especialmente en el uso de tarjetas. La presión sobre la capacidad de pago puede intensificarse si el crecimiento del empleo formal, los ingresos y las remesas pierde dinamismo.
Aunque los niveles actuales no implican por sí mismos una crisis bancaria, la evolución del Imora muestra un mayor riesgo de incumplimiento en los hogares y coloca bajo observación el ritmo de crecimiento del crédito durante los próximos meses.
