El lunes 25 de mayo de 2026, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu anunció que había ordenado a las fuerzas armadas intensificar las operaciones en Líbano con el objetivo de “aplastar” al movimiento armado Hezbolá.
La decisión se produce tras una serie de ataques con drones y cohetes dirigidos a posiciones israelíes en el norte de Israel y la frontera con Líbano, que, según informes, llevaron al gobierno a aumentar la intensidad de sus golpes contra objetivos considerados de la milicia chiita.
En las horas siguientes a la orden, militares israelíes realizaron bombardeos en el sur y el este de Líbano y apuntaron a lo que describieron como posiciones y centros de comando de Hezbolá. Reportes señalan además despliegues y operaciones más allá de las zonas que Israel había ocupado previamente.
La escalada ocurre en medio de intentos diplomáticos para contener el conflicto y conversaciones internacionales sobre un alto el fuego sostenible. Las autoridades militares y de salud de la región han reportado impactos en población civil y movimiento de desplazados, mientras la situación sigue siendo volátil.

