Skip to main content Scroll Top

Photo Chic: los retratos que dieron presencia a las mujeres de su época

En las primeras décadas del siglo XX, Photo Chic retrató a mujeres de la Ciudad de México con una presencia que iba más allá de los papeles tradicionales de esposa, madre o integrante de una familia. Al frente del estudio, Catalina Guzmán desarrolló una propuesta visual que ayuda a observar cómo cambiaba la representación femenina en una sociedad en transformación.

Fundado por los fotógrafos Luis G. Guzmán y María de Jesús Flores, el negocio familiar se instaló en la capital tras el traslado de la pareja desde Tehuacán, Puebla. Hacia 1911 ocupó un local en Monte de Piedad, en los altos del Hotel Metropolitano y junto a la Catedral Metropolitana; años antes había funcionado en un espacio relacionado con el estudio Valleto y Compañía.

Catalina Guzmán, detrás de la cámara

Alrededor de 1914, el negocio pasó a manos de Catalina y su hermano Jerónimo. Catalina destacó por su labor artística y por conducir el estudio en las décadas siguientes, cuando Photo Chic retrató a mujeres de los círculos sociales y culturales de la capital, entre ellas actrices y bailarinas.

Entre las personas fotografiadas estuvieron la bailarina española Maruja Gómez, en 1932; la actriz Consuelo Villarreal, en 1935; Lucha Maza, en 1940, y Graciela Isassi Farías, bailarina del Ballet de la Ciudad de México, en 1943. Algunas imágenes también tuvieron circulación pública: Gómez utilizó sus retratos para promover una presentación en el teatro Politeama.

El trabajo de Guzmán combinaba atención a la iluminación y la composición con el coloreado manual de fotografías mediante pigmentos y óleo. Así, cada imagen podía adquirir una apariencia elaborada, a medio camino entre el registro de una persona y una interpretación artística.

Un retrato construido entre dos personas

En el estudio, la fotografía no dependía únicamente de la cámara. El fondo, los objetos, la ropa, la pose y la expresión formaban parte de una escena preparada por quien tomaba la imagen y quien posaba frente al lente. Quienes acudían buscaban conservar su apariencia, pero también proyectar una imagen propia, digna o acorde con la identidad que querían mostrar.

En muchos retratos de mujeres se perciben posturas firmes e individuales. Esa presencia permite leer la obra de Photo Chic como parte de un momento en que algunas mujeres comenzaron a ganar visibilidad en escenarios, espacios profesionales y otros ámbitos de la vida pública.

Más tarde, el estudio se trasladó a Mixcoac con el nombre de Foto Catalina. La trayectoria de Guzmán y Photo Chic conserva así un registro de las formas en que las mujeres fueron representadas —y participaron en la creación de su propia imagen— en el México de las primeras décadas del siglo XX.