La Fuerza Internacional de Estabilización (ISF) diseñada para garantizar la seguridad tras el alto el fuego en Gaza tenía como meta desplegar hasta 20,000 efectivos distribuidos en varios sectores de la franja.
Sin embargo, el avance del despliegue ha sido muy limitado: no se ha logrado constituir siquiera un contingente inicial estimado en entre 10 y 20 soldados, y la inestabilidad regional ha provocado retrasos y cancelaciones en las contribuciones prometidas por países miembros.
Esas limitaciones operativas y financieras han frenado pasos clave del acuerdo, entre ellos la desmilitarización de grupos armados y la llegada de fondos para la reconstrucción, lo que mantiene a la población en condiciones precarias tras años de conflicto.
Las demoras han provocado interrogantes sobre el calendario de implementación y la capacidad de la estructura internacional para materializar las fases previstas del plan de transición en Gaza.

