Tras la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara los días 7 y 8 de julio de 2026, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, obsequió a los jefes de Estado y de Gobierno presentes un revólver personalizado acompañado de munición y accesorios de mantenimiento.
La entrega, que buscó subrayar la capacidad de la industria de defensa turca, tomó por sorpresa a varios asistentes. Al regresar a su país, el primer ministro de Bélgica, Bart De Wever, descubrió que llevaba en su equipaje un revólver y seis cartuchos, y lo entregó a la policía aeroportuaria para su custodia.
Oficiales y oficinas de prensa de varios gobiernos informaron que las armas serán inutilizadas, almacenadas en colecciones oficiales o recibidas por embajadas para gestionar su importación legal. En países con prohibiciones estrictas sobre armas de fuego de civiles, las autoridades optaron por custodiar o desactivar las piezas.
La iniciativa generó debate sobre la conveniencia y los procedimientos para la recepción de regalos oficiales que implican material bélico o municiones, y sobre las implicaciones legales y diplomáticas que conlleva su traslado entre jurisdicciones.
Aunque el gesto fue presentado por Ankara como un recuerdo protocolario, la presencia de munición real motivó medidas de seguridad adicionales y consultas entre las delegaciones sobre la correcta tramitación y disposición de los obsequios.

