La sequía asociada con el fenómeno de El Niño afectó casi 100 mil hectáreas de cultivos y tierras ganaderas en distintas regiones de Chiapas, situación que colocó a más de 10 mil campesinos de la frontera sur del país al borde de la quiebra durante agosto de 2026.
Las zonas con mayores afectaciones son la Sierra, la Selva, la Meseta Comiteca, Palenque y la Depresión Central. En la región de La Frailesca está en riesgo hasta 40 por ciento de los cultivos de maíz, mientras que en la Meseta Comiteca se reportan daños en 45 mil hectáreas.
Pérdidas para el campo chiapaneco
El maíz, base alimentaria de miles de familias, se encuentra entre los cultivos más afectados. La falta prolongada de lluvias provocó que elotes y mazorcas quedaran a medio formar, con huecos y sin granos, lo que redujo las expectativas de cosecha y agravó la situación económica de los productores.
En siete municipios, entre ellos Suchiate, Tapachula, Mazatán, Tuxtla Chico, Metapa y Frontera Hidalgo, productores reportaron pérdidas totales o severas en cultivos como maíz, sorgo, cacao y café. También señalaron periodos de entre 40 y 60 días sin lluvias y solicitaron apoyos para enfrentar la emergencia agrícola.
La situación ocurre en un contexto en el que los pronósticos meteorológicos contemplan la presencia y continuidad de El Niño durante 2026. La combinación de altas temperaturas, canícula y precipitaciones insuficientes incrementó el estrés hídrico de las parcelas y redujo la disponibilidad de forraje para el ganado.
Consecuencias sociales
El impacto rebasa las pérdidas productivas. La reducción del empleo y de los alimentos puede impulsar la migración de familias campesinas, mientras que la competencia por agua, tierra y recursos económicos puede profundizar los conflictos en las comunidades afectadas.
También se advierten efectos sobre la salud mental, especialmente entre personas adultas mayores que dependen de la actividad agrícola y enfrentan la pérdida de sus cosechas. En municipios con altos niveles de pobreza y marginación, la sequía puede intensificar problemas económicos y alimentarios ya existentes.
Monitoreo y respuesta institucional
La crisis puso nuevamente bajo revisión la capacidad de monitoreo meteorológico y de respuesta ante emergencias climáticas. Investigaciones previas sobre la cuenca del río Usumacinta señalaron inconsistencias en los registros de estaciones meteorológicas, una situación que puede dificultar la elaboración de pronósticos y alertas tempranas.
Entre las medidas planteadas para atender el problema se encuentran la rehabilitación de estaciones y radares, la coordinación entre autoridades y comunidades, y la aplicación de políticas que consideren empleo, salud mental, seguridad alimentaria y apoyo para la recuperación de los cultivos.
Mientras se define la respuesta institucional, miles de familias campesinas enfrentan la pérdida de cosechas y la falta de recursos para iniciar un nuevo ciclo agrícola. La evolución de las lluvias durante los próximos meses será determinante para la recuperación del campo chiapaneco.
