El secretario de Defensa de Estados Unidos solicitó al Congreso una ampliación presupuestaria de casi 67,000 millones de dólares para financiar requerimientos vinculados a las operaciones contra Irán, y declaró que el costo acumulado del conflicto alcanza cerca de 37,500 millones de dólares hasta la fecha.
La solicitud forma parte de un paquete suplementario mayor y, según las exposiciones ante legisladores, el dinero estaría destinado a reponer municiones, mantener líneas de suministro y asegurar el pago y capacitación del personal militar; varios senadores expresaron inquietud por la estrategia y la rendición de cuentas del gasto.
En paralelo, la administración ha desplegado una ofensiva comercial que incluye aranceles recientes sobre productos canadienses y propuestas para gravar importaciones procedentes de decenas de economías, en algunos casos sustentadas en investigaciones por trabajo forzoso o motivos de seguridad industrial.
Además, se dio a conocer un plan para imponer, de forma escalonada, aranceles muy elevados a ciertas importaciones farmacéuticas no estratégicas, con el objetivo anunciado de incentivar la relocalización de la producción al territorio estadounidense; la medida contempla periodos de gracia antes de aplicar los aumentos máximos.
Analistas advierten que la combinación de mayores gastos militares y nuevas barreras comerciales puede aumentar la presión sobre los mercados y las cadenas de suministro, con posibles repercusiones en precios y en las negociaciones entre Estados Unidos y sus socios comerciales.

